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Nicolás Marín y Guillermo Lemaître

domingo, 24 de mayo de 2015

La memoria audiovisual y el cine


Por medio de la memoria audiovisual, más específicamente películas, logramos crear una intimidad. Vernos reflejados de alguna manera con la película, que en verdad no cuenta nuestra historia ni lo hará pero lo sentimos así por nuestra fácil intensión de crear intimidad con el producto que nos regalan y captamos su mensaje como si esté captara nuestra esencia; creando así la relación íntima tanto con el director como con el mensaje que busca plasmar en el producto audiovisual él mismo. Esto depende de factores como nuestras propias vivencias vividas o nuestras formas de recrear momentos de la vida de otros, pero todo con nuestra propia perspectiva lo cual crea un nuevo momento en la memoria del producto que se plasma en la pantalla.

La memoria de cada uno no solo implica traer nuestros recuerdos a flote, sino también pensar en la memoria de tantas otras personas que llevaron a crear aquel producto que nosotros ahora podemos identificarnos con el mismo. Imaginemos por un momento las cientos de vidas que pusieron su empeño y su memoria intangible en la creación de la cámara que se usó para grabar esa película o en la construcción, creación y funcionamiento de la sala de cine en que vemos los productos audiovisuales que nos da la industria masiva de películas. Son tantas memorias que no tomamos en cuenta que han logrado crear en nuestras vidas una huella que nunca imaginamos.

Obvio estas memorias son tan importantes como las nuestras. Pero la gran diferencia es que las nuestras forman en cada uno de nosotros una manera de ver esa película muy diferente a la de cualquier otra persona. Es verla con los ojos de nuestras anécdotas vividas, de nuestros momentos personales, nuestras derrotas y fracasos, nuestros triunfos y de todos los recuerdos que nuestra memoria alberga.

Ahora bien, pensemos en la película de James Cameron, Titanic. En 1997 cuando se estrenó fue un revuelo mundial, dejando a todos en un estado de impresión y compasión como ningún otro. Si la vemos hoy por primera vez los efectos, los vestuarios, la calidad, hasta los planos nos podrían parecer extraños y algo sosos, anticuados. Pero, si le preguntamos a alguien que solo la haya visto aquel día en el cine cuando se estrenó por supuesto la recordara como algo impresionante y con efectos maravillosos. Es una simple visión del mundo de cada uno y también el momento que estemos viviendo.


Por eso hoy las películas que apreciamos no son solo una película sino también un mensaje. Una manera de conectar íntimamente con un producto que nunca fue pensado para nosotros en específico, sino para toda la humanidad y que de alguna manera a pesar de ser millones de personas en el planeta nos logramos identificar y sentirnos íntimamente atraídos hacia ese resultado final.

Guillermo Lemaitre Herrera

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