Por medio de la
memoria audiovisual, más específicamente películas, logramos crear una
intimidad. Vernos reflejados de alguna manera con la película, que en verdad no
cuenta nuestra historia ni lo hará pero lo sentimos así por nuestra fácil
intensión de crear intimidad con el producto que nos regalan y captamos su
mensaje como si esté captara nuestra esencia; creando así la relación íntima
tanto con el director como con el mensaje que busca plasmar en el producto
audiovisual él mismo. Esto depende de factores como nuestras propias vivencias
vividas o nuestras formas de recrear momentos de la vida de otros, pero todo
con nuestra propia perspectiva lo cual crea un nuevo momento en la memoria del
producto que se plasma en la pantalla.
La memoria de
cada uno no solo implica traer nuestros recuerdos a flote, sino también pensar
en la memoria de tantas otras personas que llevaron a crear aquel producto que
nosotros ahora podemos identificarnos con el mismo. Imaginemos por un momento
las cientos de vidas que pusieron su empeño y su memoria intangible en la
creación de la cámara que se usó para grabar esa película o en la construcción,
creación y funcionamiento de la sala de cine en que vemos los productos
audiovisuales que nos da la industria masiva de películas. Son tantas memorias
que no tomamos en cuenta que han logrado crear en nuestras vidas una huella que
nunca imaginamos.
Obvio estas
memorias son tan importantes como las nuestras. Pero la gran diferencia es que
las nuestras forman en cada uno de nosotros una manera de ver esa película muy
diferente a la de cualquier otra persona. Es verla con los ojos de nuestras
anécdotas vividas, de nuestros momentos personales, nuestras derrotas y
fracasos, nuestros triunfos y de todos los recuerdos que nuestra memoria
alberga.
Ahora bien,
pensemos en la película de James Cameron, Titanic. En 1997 cuando se estrenó
fue un revuelo mundial, dejando a todos en un estado de impresión y compasión
como ningún otro. Si la vemos hoy por primera vez los efectos, los vestuarios,
la calidad, hasta los planos nos podrían parecer extraños y algo sosos, anticuados.
Pero, si le preguntamos a alguien que solo la haya visto aquel día en el cine
cuando se estrenó por supuesto la recordara como algo impresionante y con
efectos maravillosos. Es una simple visión del mundo de cada uno y también el
momento que estemos viviendo.
Por eso hoy las
películas que apreciamos no son solo una película sino también un mensaje. Una
manera de conectar íntimamente con un producto que nunca fue pensado para
nosotros en específico, sino para toda la humanidad y que de alguna manera a pesar
de ser millones de personas en el planeta nos logramos identificar y sentirnos
íntimamente atraídos hacia ese resultado final.
Guillermo Lemaitre Herrera

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